Buenos días:
Supongo que a esta altura de los acontecimientos, algunos de ustedes -uno o dos- estarán sospechando que aún continúo sin Internet, inmerso en aquella cruenta batalla para que la empresa proveedora se digne a hacer lo que suelen hacer las empresas proveedoras que se precian de ser empresas proveedoras: O sea, proveer. En este caso, un servicio. Y un módem. Por sobre todas las demás cosas, un módem.
Bueno… es cierto. Continúo sin Internet en la oficina. El único avance que hice fue delegar el trámite en otra persona a fin de evitar el estrés, hecho que hasta ayer a la tarde no había producido resultados satisfactorios.
El caso es que, justamente ayer, alrededor de las seis y media de la tarde, entró por fax la factura del bendito módem para que la abonemos en nuestro banco amigo. Pero por supuesto, la misma fue emitida con todos aquellos vicios que habíamos tardado una semana en erradicar de la mente fascinada del equipo de facturación de la empresa. Todos. Mal tomado el precio del dólar (porque los muchachos facturan en dólares). Mal calculado el IVA (una operación compleja). Y mal escrito el nombre de nuestra empresa (porque no hubo tiempo de verificar).
Entonces, como ya estaba solo y no quería esperar hasta hoy para poner en autos a mi delegado estrella, decidí intervenir. Y esto que sigue es una síntesis más o menos detallada de lo que ocurrió. Y lo que ocurrió no fue tan positivo como había planeado.
Coloqué el dedito en el teléfono y marqué el número de la empresa proveedora. Cuando me atendieron pedí hablar con Lucía, que es –o era- la encargada de llevar a buen puerto nuestro asunto.
Le dije: Lucía, la factura que nos mandaste es una vergüenza. Está todo mal calculado.
Me dijo: No te puedo creer.
Le dije: Te juro. Y además la letra es minúscula, así que con lo borrosa que está no se entiende nada.
Me dijo: Te la mando por mail, así se lee bien el código de barras.
Le dije: Lo cómico de todo esto es que te estoy reclamando, justamente, que me restituyas el servicio de Internet. No tengo mail en la oficina. ¿Adónde me lo vas a mandar?
Y ella me dijo: Algo bastante estúpido (más que lo anterior) que con mi estado de ánimo, batido sulfuroso entre la furia y la frustración, no alcancé a digerir con la suficiente rapidez.
Y entonces le dije: Claro Lucía, vos mandala a mi casilla personal, que total, en el menos que probable caso de que esté bien hecha, yo a la noche la miro, la imprimo y mañana la pago. O si no también la podés mandar al sector servicios de cuarta de mi nueva página web. Te paso la dirección: doblevedoblevedoblevepuntoagarramelagarchapuntocompuntoar.
Gastó dos o tres segundos en reproducir para sus adentros la palabra larguísima que acababa de escuchar y no me dijo nada más.
Debo confesar que este último despunte de fina ironía produjo un efecto devastador sobre la marcha del trámite. Una verdadera hecatombe.
Hace unos quince minutos irrumpió en mi despacho el delegado estrella y me comunicó que no tiene ninguna noticia de la factura que iban a mandar ayer, y que encima Lucía se encuentra en una reunión desde la mañana temprano.
Y yo hice lo que hubiera hecho cualquier individuo razonable en mi situación: Saqué la factura, le dije que llegó ayer después de que él se retiró, se la entregué y le expliqué que hay varios números mal calculados, y que hay que reclamar que la envíen de nuevo; si fuera posible, a su mail personal. Además sugerí recurrir a aquella suerte de Nostradamus moderno llamado Santiago Aguirre, que trabaja en atención al cliente y supo vaticinar estos pequeños contratiempos desde un principio, cuando nosotros éramos todo optimismo.
Más tarde, cuando el hedor de mis propios embustes comience a brotar hacia la superficie, negaré todas y cada una de las conductas que se me imputen y juraré, sobre el libro que tenga que jurar, que lo único que hice después de recibir el fax fue dejarlo sobre mi escritorio para no olvidarme de hacerlo llegar a las manos apropiadas.
Y si de esa forma no pudiera inhibir las voces acusatorias apelaré a mi cara de “ya me estoy fastidiando” que, modestia aparte, rara vez me deja de a pie. Y aun si lo hiciera, todavía me quedaría un último recurso, que es hablado, y que dice más o menos así: “Al que decida insistir con este absurdo plan inquisitorio lo voy a someter, más tarde, a mi propio interrogatorio. Con esto de que no hay Internet he triplicado mi productividad, y he tenido tiempo de husmear un poquito en sitios donde nunca husmeo”.
Eso debería ser suficiente.
No me esperen despiertos, porque esto viene para largo. Les pido disculpas por no estar visitándolos con la debida frecuencia y los dejo con el primer PG del segundo trimestre.
POTENTE GEN SEGUNDO TRIMESTRE
Gen Sabatini
Gabriela, ex tenista, empresaria.
Osvaldo, de profesión desconocida.
Osvaldo y señora.
Gabriela solita.Espero haberlos dejado conformes. Yo no lo estoy, porque es viernes. Y yo los viernes almorzaba solo. Y comía lo que me gustaba. Y me tomaba un vinito chico con hielo y soda. Y ahora solo tengo nostalgia.
Tengan ustedes un estimulante fin de semana.





















