Extraña sucesión de infortunios que, poco a poco, fueron minando mi voluntad hasta transformar aquel viejo anhelo de triunfo en esta pacífica convivencia con el fracaso.
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jueves, 6 de octubre de 2011

HÁGAME LA CARIDAD

Síntesis del post: Vote por MIB, pedazo de zoquete.

Resulta que yo escribo en un blog. Un blog colectivo. Un blog humorístico. Men in Blog (de ahora en adelante MIB) se llama. El blog en cuestión. Descuento que casi todos los lectores habituales de este humilde espacio lo saben, aunque no sientan que el hecho esté cambiando demasiado la historia de sus vidas.

Bueno, a ver, en rigor de verdad escribo en muchísimos sitios. Es casi lo único que hago en mi tiempo libre. Y lo hago con identidades variadas que siempre cosechan un éxito que orilla entre lo moderado y la más absoluta de las nulidades. Sin embargo hoy me interesa hablar de MIB. Nos interesa hablar de MIB. Así que hablemos.

El caso es que esta auténtica gema del mundo virtual se encuentra compitiendo en el concurso Bitacoras.com, en la categoría ‘mejor blog de humor’. Y está recibiendo una paliza memorable.

A mí no me gusta recibir palizas memorables. De hecho, creo que a nadie le gusta. Pero esa es la realidad. Los lectores de Bitacoras.com deben votar por alguno de los muchísimos blogs que aspiran a alzarse con el trofeo en la mencionada categoría (humor), y los tres más votados acceden a una interesantísima final que tendrá a todo el mundo al borde del asiento a la espera de la decisión, que según entiendo, se encuentra en manos de un jurado de notables.

Ahora bien, en este preciso instante MIB se encuentra en el quinto lugar. Ni cuarto ni sexto. Quinto. Y lo cierto es que debería estar en uno de los primeros tres. De otro modo no habrá interesantísima final, ni borde del asiento, ni jurado de notables ni trofeo. Nada.

No hace falta ser una lumbrera para percibir que algo no anda bien. El blog es muy bueno. La química entre los integrantes (ocho) es excelente. El volumen de lectores es aceptable para la realidad actual de Blogger.

¿Entonces qué esta fallando?

Resulta obvio a los ojos de cualquiera que ese algo es usted. Sí, no mire para el costado. Le hablo a usted, que aún no ha tenido la delicadeza de ir corriendo a Bitacoras.com, registrarse (si no lo ha hecho el año pasado) y votar por MIB en la categoría ‘mejor blog de humor’. Una actitud que de no ser reparada a la brevedad pesará sobre su conciencia por los siglos de los siglos. Amén.

¿Cuántas veces le pido algo? Nunca. No mienta. En cambio doy y doy sin esperar una retribución. Lo llevo de paseo al consultorio de mi dentista, a visitar prostitutas de esquina, a atestiguar suicidios simulados, a ver gordos corriendo en el parque, etc.

Bien. Entonces considero que ha llegado la hora de gastar cinco mugrosos minutos en pagar la factura. Se me va de acá, se me registra en Bitacoras.com y vota a MIB como mejor blog de humor.

¿Que jamás en su vida ha leído un artículo en MIB? ¿Que solo viene a este espacio para retribuir un comentario en el suyo? ¿Que no sabe si MIB es en verdad mejor candidato que sus rivales?

A nadie le importa. No se haga.

A ver, mi querido quelonio. Lo que yo le estoy proponiendo, y no me diga que no lo tiento, es recurrir al fraude más alevoso en orden a la consecución de un objetivo. Nada que no le hayan propuesto antes. Vaya y vote. Así, sin más. Porque yo se lo estoy pidiendo. Sepa que sé recompensar a los buenos amigos. Tengo preparada una sorpresa para el momento en que entremos de nuevo entre los tres primeros. No se olvide. Esto es estrictamente cierto.

Pinche el logo de MIB en la barra lateral de este espacio, y una vez allí vaya al link de Bitacoras.com. Y vote. No se olvide de votar. Realmente lo necesitamos. No podríamos soportar una nueva sesión de azotes del Amado Líder.

¿Usted vio cómo me reprendió el otro día en los comentarios por andar escribiendo artículos personales en lugar de hacer campaña por MIB?

Lo que para usted es un simple chiste, para otros puede ser un aviso.

Confío en usted.


Tengan ustedes muy buenas noches.

miércoles, 9 de marzo de 2011

QUÉ SÉ YO... TODO EL MUNDO TIENE

Síntesis del post: Arenga.



Sea mi amigo en Feisbuc, ya que en el mundo real nunca lo seremos.

Le juro que jamás tendrá una noticia mía. Solo pretendo demostrar que puedo adaptarme.


Tengan ustedes muy buenas noches.

PS: No, no pienso tutearlo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

UN FELINO INFERIDO

Síntesis del post: Artículo sorpresa. Un felino de color negro, bien grandote y con un carácter de mil demonios. Los Magníficos. Sofisticada tecnología. Diálogo final. Conclusión.





Tenemos a este felino. Es un felino salvaje que habita en las islas británicas y tiene por costumbre devorar el ganado, asesinar a las mascotas incautas y mortificar a los poblados pequeños con tenebrosos rugidos nocturnos. Sin duda una criatura incómoda, digna de ser evadida por la gente decente.

Tenemos entonces a este felino que, de acuerdo con el testimonio de las pocas personas que han tenido la mala fortuna de cruzarse en su camino, es de color negro, bien grandote y con un carácter de mil demonios. Y también bastante difícil de registrar. Esto último no lo dicen los testigos. Lo decimos nosotros, ya que luego de más de medio siglo de esfuerzo mancomunado para dar con él, contamos solo con un centenar de fotografías borrosas, una docena de videos de pésima calidad y unas cuantas huellas lodosas que podrían haber sido hechas tanto por un gato salvaje como por mi tía Carlota, la hermana de mi papá.

Por lo tanto no sería del todo correcto continuar en esta postura, sentenciando muy sueltos de cuerpo que tenemos a este felino, como si en verdad nos halláramos en posesión de una o varias pruebas contundentes de su existencia. Más bien lo inferimos, lo intuimos, lo sospechamos y nos obsesionamos de algún modo con él. Y eso es todo lo que podemos decir sin incurrir en la mentira o la ausencia absoluta de objetividad.

Lo que sí tenemos es este grupo de tenaces profesionales que dedican el cien por cien de su tiempo a la búsqueda y/o cacería de este felino inferido, hecho que nos devuelve la esperanza de que algún día seamos capaces de arrojar algo de luz sobre el asunto. No perdamos la fe.

Estos muchachos son fantásticos, vea señora. Son una suerte de ‘Brigada A’, con la única diferencia de que el líder no tiene el pelo blanco, no fuma habanos y no dice que le encanta cuando un plan se concreta (principalmente, creo yo, porque ninguno de sus planes se ha concretado aún). Bueno, tampoco tienen un morocho forzudo ni un galán que conquiste señoritas para facilitar la misión; y ahora que lo pienso mejor, no son ellos los que escapan sino los que persiguen. Pero sí son cuatro. Y por lo menos uno está loco de remate. Uno o varios. Y cada cual posee una habilidad única e irrepetible. Y también viajan en una camioneta. En fin… la cosa es que nosotros tenemos el antojo de referirnos a ellos como ‘Los magníficos’, y no pensamos desviar nuestra atención en esas nimiedades.

Estos muchachos son fantásticos, vea señora. Magníficos para ser más exactos. Hay uno que es experto en computadoras y analiza las fotos y los videos del felino inferido con sofisticados programas que depuran las imágenes permitiendo extraer conclusiones más exactas. Otro coloca cámaras especiales que registran la actividad de los animales que deambulan por la noche sin que ellos sepan que están siendo vigilados. Un tercero realiza entrevistas y evalúa la credibilidad de los testigos de acuerdo a su intuición y a unas pruebas a las que los somete con extremo rigor. Y el último se entrega al trabajo de campo. Se interna en el bosque para analizar a las víctimas mortales del felino inferido mientras aún están calientes. Toma muestras de tejido y realiza moldes de yeso de las huellas. También recolecta pelos y excrementos que encuentra en los alrededores, y luego los manda a analizar a un laboratorio para extraer el ADN.

La macana es que a pesar de toda esa tecnología y de los esfuerzos por obtener la evidencia que excluya para siempre la duda de los escépticos, los resultados solo pueden ser calificados como pobres. Magros si se quiere. Los sofisticados programas de depuración de imágenes suelen transformar una mancha borrosa en otra mancha borrosa, pero un poco más grande. Las cámaras con visión nocturna registran montones de tobillos peludos que bien podrían ser de un felino salvaje, de un ciervo o de mi tía Carlota, la hermana de mi papá. Las declaraciones de los testigos son –como mínimo- erráticas, y cuando se los presiona solo se obtiene un tartamudeo que aporta más confusión que certezas. El estado en el que por lo general son halladas las víctimas no permite distinguir si fueron sorprendidas por la bestia o atropelladas por la camioneta de los magníficos. Todo ello sin mencionar los moldes de yeso y los análisis del laboratorio, únicos datos concluyentes que arroja la investigación. Según la experta contratada, las huellas pertenecen a un perro grande. Uno de esos pastores que se utilizan para vigilar los rebaños de ovejas. Y el muchacho del laboratorio insiste en que los cinco pelos analizados fueron identificados sin mayores problemas. Uno pertenece a un ciervo gris, otro a un ciervo colorado, dos a una especie de chancho salvaje y el último a un perro (posiblemente el mismo que dejó la huella mientras cuidaba a las ovejas).

El final de esta historia adquiere visos de tragedia. Los magníficos se despiden con semblante abatido, jurando redoblar el esfuerzo probatorio mientras nuestro felino inferido, negro, bien grandote y con un carácter de mil demonios, permanece precisamente en esa condición. Inferido. Sospechado. Intuido.


‘Ayer a la noche vi un programa de televisión que me pareció muy interesante’, escupo con una mirada gélida. Y a continuación lo relato. Completo. Con un grado de detalle muy similar al que acabo de plasmar en estas líneas. Y es que necesito que mi punto se grabe a fuego en la mente atrofiada de estos individuos. No, no se ofusque. No me refiero a usted sino a los dos ineptos que me escuchan sin haber leído este artículo.

El Operador y el Chamán me observan con cara de vaca que ve pasar el tren. Con un desconcierto que solo logra enfurecerme aun más de lo que ya estoy.

‘Nosotros tenemos que ser como ese felino inferido. ¿Entienden ahora? Nocturnos, sigilosos, letales. Imposibles de identificar o catalogar, salvo por testimonios de oídas. Esa es la idea de esta sociedad secreta. Debe dar ese pasito que le falta para convertirse –por fin- en ese ente clandestino y misterioso capaz de generar una malsana obsesión en aquellos que lo rodean sin formar parte’.

Se miran. Asienten. Se disponen a transcribir el acta. Pero no hay caso. Con cada movimiento revelan que el próximo descuido, el próximo olvido, el próximo traspié de este grupo está a la vuelta de la esquina.

Otro año que se cierra y esta sociedad que no genera otra cosa que problemas. La peor idea de mi vida, lo sigo sosteniendo. A esta altura deberíamos ser la imagen viva de ese felino inferido, negro, bien grandote y con un carácter de mil demonios; y sin embargo nos parecemos más bien a Carmelo, el gato de mi tía Carlota, la hermana de mi papá. Blanco, bien chiquito, gordito y con una campanita en el cogote que siempre denuncia su posición y sus planes.



Tengan ustedes muy buenas noches.


PS1: Para los que no lo saben, tengo una sociedad secreta. Pueden leer algo sobre ella en la etiqueta ‘Actividades Clandestinas’.

PS2: Sí, ya sé que me había despedido hasta el mes de enero, pero este es un artículo sorpresa. Las sociedades secretas somos así, impredecibles.

PS3: Esta noche haremos algunas visitas a los espacios virtuales amigos y afines.

PS4: Sigan votando en la encuesta Potente Gen Segundo Semestre.

martes, 5 de octubre de 2010

CARLITOS QUEDATE QUIETITO

Síntesis del post: Carlitos. Mal comportamiento. Descontento general. Delirio onírico. Justicia. Reflexión.



Carlitos, quedate quietito, haceme el bendito favor. Eso le dice la mamá. A Carlitos, por supuesto.

Pero Carlitos es uno de esos niños que no se tutean con las advertencias maternas. Sus actos cotidianos suelen transformarse en osadas exaltaciones de la libertad; inauditos desafíos; pequeñas reivindicaciones de lo prohibido.

La gente –a la clientela me refiero- observa escandalizada mientras el odioso infante toquetea las latas de arvejas, olfatea los frascos de aceitunas y pasa la lengua por el vidrio del mostrador de los quesos. Sin embargo, lo que en realidad indigna, si se me permite la inferencia, no es su vasto repertorio de ilícitos sino la tibia moción de orden impulsada por la dama encargada de su educación.

Lo que Carlitos necesita no es andar concediendo favores benditos en un almacén de barrio. Es más bien un baño de autoridad. Un baño frío. Muy frío. Helado. Repentino. Un oportuno castañazo de revés que lo deje sintiendo los latidos de la mejilla por un período de doce a veinticuatro horas. Un sopapo justiciero. Público. Ejemplar. Un mojón recordatorio de su expedición a la frontera última de la paciencia. Eso necesita.

Carlitos, quedate quietito. Es un minuto nomás, ya pago y nos vamos. Eso le dice la mamá. A Carlitos, por supuesto.

Pero Carlitos no se digna a recibir el mensaje, por lo tanto la escena inicial se repite a pesar del descontento del público presente.

En rigor de verdad, yo tampoco logro reprimir el sentimiento negativo que me produce el mocoso. Si alguien me observara con detenimiento, seguramente percibiría sin problemas la mueca de odio que debe estarme frunciendo el rostro, sobre todo en la zona de la frente y los pómulos.

Me dejo llevar por un fugaz delirio onírico gracias al cual logro el objetivo de abstraerme del Carlitos real. Del Carlitos sustancial. Mientras tanto el Carlitos imaginario –imaginado sería un término más apropiado- sufre toda clase de torturas entre alaridos y llantos. Mendiga la presencia de su madre y promete revisar todas y cada una de sus irritantes conductas en un futuro inmediato. El más inmediato.

Y de pronto el llanto de Carlitos. Del Carlitos real. Del Carlitos sustancial.

Lleva el rostro cubierto de aceite y huele como a anchoa, a sardina o a boquerón. Es evidente que de alguna forma se las arregló para introducirlo dentro de uno de los recipientes que contienen a estos simpáticos representantes de la fauna marina, y que se encuentran expuestos sobre el mostrador del fondo. Talvez se patinó. O quizás fue adrede. En este momento da lo mismo. Lo importante es que la gente –a la clientela me refiero- celebra el incidente. Es un festejo sobrio, de más está decirlo. Son apenas muecas. Alguna que otra risita sigilosa. Pero nada más que eso.

¿Qué pasó Carlitos? ¿Qué hiciste? Eso le pregunta la mamá. A Carlitos, por supuesto.

Pero Carlitos produce una respuesta ininteligible, ahogada en sus propios sollozos. Y justo en el instante en que logra la calma necesaria para dar el parte, aparece en escena un gordo que clava dos ojos furibundos sobre su diminuta humanidad. Viene desde el mostrador del fondo, así que, por lo menos para mí, el hecho ha quedado completamente esclarecido.

Carlitos vacila entre la denuncia y el silencio, y finalmente opta por esto último. Baja la mirada y repite una y otra vez la palabra ‘nada’ hasta que su madre se rinde.

Carlitos, quedate quietito mientras pago. Eso le dice la mamá. A Carlitos, por supuesto.

Y Carlitos obedece. Y sigue oliendo a anchoa, a sardina o a boquerón. Y la gente –a la clientela me refiero- celebra con sobriedad. Apenas muecas y alguna risita. Y los ojos furibundos del gordo no dejan de mirarlo. Y yo me abandono a un delirio onírico más pacífico. Más placentero. Porque sé que a veces, solo a veces, si uno lo desea mucho, un simple sueño puede convertirse en realidad.



Tengan ustedes muy buenas noches.

PS: El miércoles a las cero horas publico mi artículo en MIB. Arderán en el infierno quienes… bueno… ya lo saben.

lunes, 12 de abril de 2010

BOOK ME

Síntesis del post: Tecnología. Incapacidad manifiesta. Dominio. Arenga.

No es un secreto –porque lo he declarado más de una vez en este espacio- que formo parte de ese selecto grupo que pierde terreno frente a la tecnología con una frecuencia diaria. Los avances que se producen en ese campo me empujan sin remedio hacia una nueva forma de analfabetismo, tanto o más peligrosa que la clásica incapacidad de leer y escribir.

Si bien el tema no me obsesiona, debo admitir que ocupa un sitio más o menos importante en mi cerebro de troglodita, y eso me impulsa a luchar encarnizadamente contra un destino que a priori parece sellado. A veces obtengo pequeñas victorias. A veces sufro derrotas catastróficas. Pero siempre regreso al centro del cuadrilátero, porque como dice un sabio amigo mío, un boxeador parado es un boxeador que quiere seguir boxeando.

El motivo de esta pequeña introducción no es otro que el de anunciar al mundo que he logrado dominar el último avance de la tecnología. Yo solito. Sin ayuda de nadie. Deseo llevar un mensaje de esperanza a los miles de cavernícolas que, como yo, forman parte de un mundo que tiene un pronto destino de museo.

Estimados compañeros de caverna, anímense. Si yo pude, ustedes también pueden.





Tengan ustedes muy buenas noches.

viernes, 12 de marzo de 2010

POTENTE GEN

Síntesis del post: Potente Gen, porque es viernes, y los viernes yo siempre subo un Potente Gen. Arenga.

POTENTE GEN

Gen Damon

Nancy y Matt Damon. Madre e hijo.

No sé qué más quieren que haga. Son igualitos, así que me siento y aguardo por una ruidosa ovación.

Muchas gracias.

En otro orden de cosas, arderán en el infierno, conocerán el ondeado filo de la espada flamígera, se revolcarán en un charco de inmundicia porcina y soportarán tres eternidades en compañía de Ricardo Fort.

Todos esos castigos y otros peores caerán sobre las espaldas de aquellos ingratos que opten por no concurrir a MIB para dar testimonio de su fidelidad incondicional hacia la figura de este humilde servidor.

Quedan ustedes debidamente notificados.


Tengan ustedes un ignominioso fin de semana.