Tato Bores. Este sí que hablaba rapidito.Estamos escuchando la radio. En el auto. Nos gusta mucho escuchar la radio en el auto, por la mañana, de camino a la oficina. Y hoy estamos escuchando la radio. En el auto. Por la mañana. Aunque no estamos camino a la oficina. Hoy, lunes, no tenemos pensado ir a la oficina. Ni por la mañana, momento del día en que tenemos tomado otro compromiso, ni por la tarde, momento del día en que no tenemos tomado otro compromiso. Esto quiere decir que necesitamos una excusa, y podemos exhibir solo media. Media excusa. Pero no importa. Somos valientes, arrojados y mentirosos. Y cuando no estamos acorralados somos bastante buenos mintiendo. Ponemos cara de enfermos y todo.
‘Déjese de vueltas y diga de una vez a dónde diablos se dirige’, intimará usted, que a esta altura de los acontecimientos ya me conoce de sobra, y sabe que estos rodeos introductorios jamás conducen a ninguna parte.
‘Al aeropuerto de Ezeiza’, responderé yo. Y lo miraré fijo.
Esta vez los rodeos introductorios sí conducen a alguna parte. Para que lo sepa. Conducen al aeropuerto de Ezeiza. Y como le explicaba antes de que me transformara en el objeto de sus reclamos y frustraciones (sí, esta vez fue culpa suya), estamos escuchando la radio. En el auto. Por la mañana. De camino al aeropuerto de Ezeiza. No, no vamos a viajar a ningún lado. Vamos a recoger gente. Hoy nos toca servir como transporte.
A lo nuestro sin más, que no pienso continuar tolerando sus ridículas dilaciones.
Nos gusta escuchar la radio en el auto, programas de actualidad. Y mucho más si se trata del lunes inmediato posterior a un acto eleccionario. Nos resulta estimulante, enriquecedor y divertido. Todo a la vez. Tenemos candidatos que celebran resultados menos felices de lo imaginado, políticos que se adjudican victorias ajenas, movimientos que desconocen derrotas propias, personajes que agradecen como si hubieran ganado un premio, periodistas que confunden algo parcial con algo definitivo e intelectuales que realizan sesudas lecturas de la realidad y luego interpretan los fenómenos de un modo no muy distinto al que podría hacerlo Karina Jelinek.
Sin embargo en este momento escuchamos una entrevista al titular de una consultora que llevó a cabo una encuesta cuyos resultados han orillado entre lo cómico, lo triste y lo lamentable. El hombre, indignado por la injusticia de las críticas recibidas, transfiere la responsabilidad de la catástrofe a la inoportuna declaración de una importante figura política local, y atrás agrega que la mitad del electorado suele decidir su voto en el cuarto oscuro, hecho que a nosotros nos lleva a preguntarnos cuál sería entonces la utilidad de realizar una encuesta. No solo la suya, sino cualquier otra. En síntesis, defiende sus pronósticos a capa y espada, cuando sería mucho más prudente (esto también lo pensamos nosotros) bajar la persiana del negocio, comprar una combi, formar un grupo de rumba y salir de gira por el interior del país.
En fin… ahora le llega el turno a la tanda publicitaria, donde una afamada marca de vehículos automotores se refugia detrás de la potente voz de un locutor que nos relata –sucintamente- las enormes virtudes del producto y las increíbles facilidades de pago que nos aguardan si dejamos lo que sea que estemos haciendo y corremos a la concesionaria agitando sobre nuestra cabeza un fajo de billetes de cien dólares.
Y aquí viene lo interesante. Lo jugoso. La letra chica del contrato adecuada a los requerimientos del campo de la radiofonía. Maquillada y peinada para la ocasión. Nuestro simpático locutor toma aire, afina las cuerdas vocales y larga la siguiente minuta aclaratoria a una velocidad que asimilaría al mismísimo Tato Bores a un enfermo en recuperación de un ACV con el coágulo centrado sobre la zona del cerebro que controla la dicción:
PromociónválidadesdeelveintedejuliodedosmiloncealanochetardehastaelveintiunodejuliodedosmiloncealamañanitaennuestrasoficinasdeTierradelFuego.Sujetaacambiossinprevioaviso.Sujetaadisponibilidaddelvehículo.Ajustabledeacuerdoaparámetrosquenolevamosaexplicarporqueigualnoentenderíayrescindibleunilateralmentesiempreycuandoelquepretendarescindirnoseaustedsuabogadooalgúnmiembrodesufamilia.
Así, todo muy rapidito y sin anestesia. Y se ve que les da resultado, porque venden autos por miles.
Ahora, escuchando esta inefable aunque infalible táctica se nos ocurre pensar que la misma también podría ser útil a esta caterva de impresentables (políticos, candidatos, periodistas, intelectuales) que salen a decir por radio lo primero que les viene a la mente.
Qué sé yo… declaración sujeta a los intereses coyunturales del declarante. Adhesión condicionada al futuro triunfo del ente parasitado. Admisión de derrota limitada al plano local. Obra supeditada a que me reelijan. Triunfo extensible al plano nacional sin necesidad de nuevas consultas. Lectura e interpretación producidas bajo los efectos de los estupefacientes, válidas solo si Karina Jelinek las hace suyas y me deja hacerla mía. Encuesta certera solo si ningún político emite una declaración luego del cierre. Etcétera.
No sé muchachos, un poco de imaginación. Las herramientas están ahí para todos. Solo hay que echar mano y usarlas sin complejos o inhibiciones.
Y basta por hoy. Llegamos al aeropuerto, así que bajen del auto y vayan a averiguar el horario del vuelo mientras busco un lugar para estacionar.
Antes de retirarme les cuento que el próximo viernes tendremos un Potente Gen, porque acabo de caer en la cuenta de que la sección está un poquito abandonada.
AnunciosujetoaladisponibilidaddetiempolabuenavoluntadylasganasdeYoni.Sujetoasupresiónsinprevioaviso.Ajustabledeacuerdoaparámetrosquenoexplicaréporqueestoyenmipropiacasayhagoloquesemecanta.Elautorsereservaelderechodevetarlosvotosquenoconformensusexpectativastomarcomopositivoelsegurovotonegativodelseñorbugmanymanipularlosresultadosdeacuerdoasulealsaberyentender.
Tengan ustedes muy buenas noches.
















