Extraña sucesión de infortunios que, poco a poco, fueron minando mi voluntad hasta transformar aquel viejo anhelo de triunfo en esta pacífica convivencia con el fracaso.
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jueves, 1 de marzo de 2012

ARTÍCULOS EN EL RECUERDO

Cuestión previa: El presente artículo salió publicado en este humilde rincón virtual el martes 25 de noviembre de 2008. Por razones que no vale la pena enumerar, en estos días no he podido subir nada nuevo ni visitar los blogs amigos y afines. Y como ya pasó mucho tiempo desde el último artículo, he decidido traer uno viejo (y bien corto) para que no se me tome por desaparecido. Pido disculpas y paciencia hasta que las circunstancias me permitan retomar el ritmo.

IMPOSTORES

Síntesis del post: Pequeña reflexión acerca de algunas tendencias modernas, generada a partir de una charla obligada y circunstancial que ayer mantuve con una especie de artista y un hombre de negocios (aunque no sé por qué en el desarrollo no los menciono), y de la lectura de un artículo en un blog (por desgracia no recuerdo cuál).

La Apoteosis del dólar. Salvador Dalí.

El mundo de hoy en día está repleto de impostores. Patéticos farsantes que pululan exhibiendo una locura prefabricada. Una locura de laboratorio. Homo Sapiens promedio que simulan en cada frase una genialidad espontánea, cuando su mente solo contiene fórmulas ensayadas para deslumbrar a los incautos y los inocentes.

Existen demasiados individuos convencidos de que la Providencia Divina los ha gratificado con alguno de esos dones que reserva para los elegidos, y tanto se lo repiten a sí mismos que luego resulta muy difícil arrebatarlos de su tontera. Y así es como salen a la calle, convencidos de que son personas interesantísimas, decididos a encandilar a la concurrencia con esa frase célebre que ya traen pensada desde su casa, con ese cuadro magnífico que han pintado luego de fumarse un troncho del tamaño de una banana, con ese negocio millonario cuyo nicho los empresarios más lúcidos no han ocupado porque solo son estúpidos que amasaron fortunas inmensas de pura casualidad.

Resulta obvio a los ojos de cualquiera que para ser un auténtico genio hay que estar también un poco loco, tener carisma y saber evadirse con facilidad de los rigores del protocolo. Ahora bien, yo no soy precisamente una lumbrera, pero por alguna razón que en este instante no tengo tiempo de desentrañar soy capaz de comprender que eso no es todo lo que hace falta. De hecho, ni siquiera es demasiado importante. Si pretendemos definir a Dalí comenzando por el mostachín incurrimos en un error de proporciones titánicas; y si, no conformes con esa atrocidad, tratamos de pintar La apoteosis del dólar luego de enrularnos el bigote, el ridículo va a ser inolvidable.

La originalidad, la genialidad, el atractivo, el aura, el carisma e incluso la estupidez son cualidades que no pueden impostarse. Al menos no por mucho tiempo. Lo maravilloso de esos seres que son distintos del resto de los mortales es que sobresalen sin esfuerzo, que en esa condición no interviene la voluntad.

Sin embargo, lo más importante de todo es que son muy pocos. Es esta realidad, y no otra, la que nos alienta a la delación de los impostores.

¿Y por qué me despaché con este rollo?

No sé, por nada en especial. Ayer tuve un día extraño: Por esas cosas que tiene la vida interactué circunstancialmente con dos de estos originales impostados, y a la noche leí en un blog –no recuerdo cuál- una suerte de reflexión que me puso a pensar en estos asuntos.

En fin… hay que ver cuánta gente se está beneficiando con la definición moderna de lo que es un artista, cuánta gente consume toda su energía en ese ridículo deseo de parecer extraña y cuántos negocios estúpidos andan dando vueltas por la ciudad.

Ahora si me lo permiten voy, me enrulo el mostacho y regreso siendo aun más interesante de lo que soy.


Tengan ustedes muy buenas noches.

lunes, 14 de junio de 2010

INCIDENTE EN EL SUBTE "A"

Síntesis del post: Viaje en subte. Gordo disidente. Anciana acusadora. Resentimiento final.





Corre el mes de diciembre del año 2006. El calor es insoportable.

”Metrovías informa que la línea "A", Primera Junta-Plaza de Mayo, presta servicio con demora. Disculpe las molestias ocasionadas”.

Me caigo y me levanto encima de Metrovías.

El tren irrumpe como un toro bravo en la estación Acoyte. Y viene hasta la manija. Se abre la puerta y tres o cuatro desprevenidos son expulsados al espacio exterior perdiendo para siempre su lugar.

Ya no queda sitio para nada ni nadie, pero en el último instante aparece un gordo que opina distinto. Me resisto intentando cubrir el único hueco a través del cual podía soñar un abordaje, pero este simpático disidente afirma sus manazas en el marco de la puerta, inspira profunda y ruidosamente, y se impulsa hacia el interior del vagón con un horrendo movimiento pélvico que cambia para siempre mi visión del mundo.

Lo fulmino con una mirada repleta de indignación, pero me ignora.

Dejamos atrás Plaza Miserere y una vieja – por cierto bastante deteriorada- que tengo incrustada debajo de la axila derecha comienza a proferir una serie de insultos murmurados. Como no la escucho bien me sumerjo de nuevo en mis pensamientos, pero al cabo de un instante me percato de que aquellos terribles epítetos están dirigidos hacia mi persona.

Todo sucede muy rápido y pierdo segundos valiosos. El olor fétido de un intestino en plan de evacuación se ensaña con mis fosas nasales al tiempo que la vieja me endilga la responsabilidad a grito pelado. La muy artera.

¿Por qué a mí y no a cualquier otro pasajero?

Tal vez por mi color de piel. O por mi naturaleza salvaje. O por aquel conflictivo manifiesto en contra del agua dulce. No lo sé. De cualquier modo tengo ganas de cazarla de la nuca y refregarle el ojete por la cara para insuflarle algunos pensamientos absolutorios.

Miro a los costados en busca de algún otro candidato que cuadre en los parámetros visuales que el inconciente social suele reservar para los inadaptados, pero no lo encuentro. Para ser del todo franco, yo también habría alzado un índice acusador en dirección a mi persona. A la derecha tengo una vieja -otra- que se parece más a un cadáver en descomposición que a un ser vivo (lo cual explicaría el olor), y a la izquierda una magnífica señorita cuya parte trasera no podría expedir más que claveles perfumados y versos alejandrinos.

A la altura de la estación Lima ya soy víctima del repudio general. La vieja defiende su nariz aguileña con un pañuelo de tela repleto de pegotes, pero no ha dejado de insultarme; y enfrente se me paró un pelado bastante fornido cuyo único deseo es propinarme una feroz golpiza. Para colmo, un grupo de adolescentes entona algunos cánticos alusivos que impiden que el incidente se desdibuje en la memoria de los presentes. La situación es crítica, aunque por suerte la gente desciende en masa para efectuar la combinación con la línea "C".

Al llegar a la estación Plaza de Mayo solo quedamos en el vagón el gordo disidente, la vieja denunciante y yo. Es el fin del recorrido.

Se abre la puerta y desciende la vieja berreando. Cada tanto se da vuelta y me busca con su inefable índice acusador, pero yo me disfrazo en la multitud. Finalmente apura el paso y sale de mi vida para siempre.

El gordo disidente me saluda con una leve inclinación de la cabeza, y me devuelve aquella mirada indignada con una sonrisa compasiva.

Yo lo ignoro. El horno no está para bollos, y los aliados pelean codo a codo en el campo de batalla. Si hubiera bastado con una sonrisa, me habría inclinado por la señorita de los claveles y los versos. De eso no cabe la menor duda.





Tengan ustedes muy buenas noches.

viernes, 19 de febrero de 2010

POTENTE GEN. GRANDES INJUSTICIAS.

Síntesis del post: Potente Gen 2010. Anuncio. Grandes injusticias.

Cuando por fin terminó la última temporada de Potente Gen, luego de un larguísimo año de intensas búsquedas, entusiastas adhesiones, fervorosos repudios y encuestas varias, pensé que había llegado el momento de eliminar la sección para siempre. Argumenté para mis adentros que en la vida todo se trata de ciclos, y que cuando estos se completan lo mejor es buscar nuevos horizontes. Me dije, muy convencido y con el dedito índice en alto, que es vano el intento de explotar un pozo que se ha secado. Incluso llegué a imaginar una nueva sección (Yo tengo calle se llamaría) que, siempre de acuerdo con mis delirios estivales, sería capaz de llenar el vacío sin problemas.

La decisión estaba tomada.

Sin embargo, con el retorno a las obligaciones diarias, al ritmo demoledor de la rutina, me fui dando cuenta de que las cosas son como son, y poco importan los deseos. Cuando uno encuentra un nicho debe sacarle el máximo provecho, y eso es exactamente lo que pienso hacer.

“En síntesis, piensa seguir robando con eso hasta que venga la policía y lo detenga”, dirá usted que, ni lerdo ni perezoso, ya se ha formado una idea cabal de mis intenciones.

“Sí”, diré yo. Y lo miraré con mis grandes ojos inexpresivos.

Potente Gen es a este humilde espacio lo que el gestito de idea es Carlitos Balá. Lo que el piquete es a Raúl Castells. Lo que el Chavo del ocho es a Gómez Bolaños.

En esta casa somos tribuneros. Y si lo que hace falta para lograr la aprobación de la benemérita audiencia es aplicar un poco de hielo en el estado de cosas, reprimir cualquier idea nueva que llegue a la superficie, aferrarse a los muebles viejos como si fueran piedras preciosas, eso es lo que se hará. Y ni una palabra más al respecto.

En marzo largamos con el Potente Gen 2010, que no será un torneo, y que casi con seguridad tampco será estrictamente semanal, pero que al menos será. Todo el año.

Recuerden las reglas:

1- Parecido físico sobrecogedor.

2- Lazo de sangre.

3- Posteo en día viernes.



Mientras tanto, para entretener a las masas, dejo expuesta una de las grandes injusticias de la primera temporada. La semana que viene expondremos una de la segunda temporada.

POTENTE GEN. GRANDES INJUSTICIAS

El Gen Baldwin solo obtuvo tres votos en la encuesta que consagró al Gen Darín como campeón de 2008.

Alec.

Daniel.

Stephen.

William.


Perdieron malamente. Y eso que eran igualitos. Y encima eran cuatro. Lo atribuyo a que en aquella época todavía no eran ustedes expertos en el tema.

Que no se repita.


Tengan ustedes un recargado fin de semana.

miércoles, 1 de julio de 2009

AÑO UNO. GRAN FIESTA GRAN.

Síntesis del post: Festejo por el primer año de vida de este espacio. Festejo por otro hecho destacable. Arenga para que me voten cuanto antes en un concurso de tatuajes.




Buenas noches:

Hoy hay gran fiesta gran. Hoy tenemos motivos para celebrar. Hoy tiramos la chancleta. Hoy nos vamos de locas.

No, perdón. Eso último no. Pero que estamos de festejo, estamos de festejo.

No ponga esa cara Señor Briks, que igual a usté y a mí no nos iban a dejar salir.


Procedo a explicar la situación:

Durante la primera hora del primer día del séptimo mes del año dos mil ocho en la era de Nuestro Señor Jesucristo apareció publicado en este espacio este brevísimo artículo que a la postre acabó condenado a redefinir y potenciar el significado de la palabra intrascendencia: El porqué de este tachón

Bueno, en rigor de verdad lo que apareció publicado fue este espacio en su totalidad, ya que el día anterior no existía ningún soporte apto para presentar el mencionado artículo en el mundo de la virtualidad. O mejor dicho sí, existían millones y millones de soportes aptos, pero yo no conocía las claves de acceso, y encima estaban repletos de artículos escritos por otros individuos que incluso habían tomado la precaución de bautizar cada espacio de acuerdo a sus propios gustos o conveniencias. Entonces no me quedó otra alternativa que respetar la propiedad ajena, por lo que tuve que crear uno nuevo y distinto, dotarlo de una clave de acceso y bautizarlo de acuerdo a mi propio gusto o conveniencia. Sin embargo a esa altura del partido ya me había puesto de un pésimo humor, hecho que de inmediato se vio reflejado en el tenor del título, los subtítulos y los subsiguientes artículos.

Así nació Me tacho la doble, que tal y como expliqué hace muy poquito tiempo, iba a llamarse de otra manera hasta que esta señorita me escupió el asado solo para hablar unas cuantas gansadas por diez o quince días.

Pero esa es otra historia.

Lo verdaderamente importante, lo destacable, lo insólito o incluso lo aterrador, es que en el día de la fecha este humilde espacio está cumpliendo su primer año de vida. Y ese no es un dato menor, dado que la idea original era –lo confieso- hablar unas cuantas gansadas por diez o quince días.

Y esto era todo lo que quería contarles.

“¿Eso era todo?”, preguntarán ustedes un tanto decepcionados porque no hubo piñata.

“No, mentira”, contestaré yo con mi habitual inclinación a dar sorpresas.


La de hoy es la entrada número 100 de Me tacho la doble, así que el festejo es, valga la redundancia, por partida doble.

No Señor Briks, igual no nos vamos de locas. No insista.

Cien entradas en trescientos sesenta y cinco días, lo cual habla a las claras de la indiscutible regularidad de este martirio que han sabido soportar con estoicismo.

Felicitaciones para todos.

Y esto era todo lo que quería contarles.

“¿Eso era todo?”, preguntarán ustedes bastante decepcionados porque no hubo sanguchitos de crudo y tomate.

“Bueno… sí, pero puede haber una yapa”, diré yo con mi habitual inclinación a llevar agua para mi propio molino.

Todavía quedan algunas horas para votar en la segunda vuelta del concurso de tatuajes organizado por Capitana del Espacio, certamen que, contra todos los pronósticos y sin haber hecho campaña en mi propio blog, vengo peleando voto a voto contra dos herejes que seguramente han recurrido a métodos fraudulentos para empardar el verdadero aluvión de votos que he sabido conseguir gracias a mis conexiones mafiosas.

No perdón. Eso último no. Pero que estoy peleando voto a voto, estoy peleando voto a voto.

¡¡¡VOTENMENNNN!!!

Y esto era todo lo que quería contarles.

“¿Eso era todo?”, preguntarán ustedes completamente devastados porque no se repartió cotillón.

“Sí, aunque a mí me queda un tercio de una botella de Yoni Uoquer negro que pienso liquidar antes de acostarme”, responderé yo con la baba resbalando por las comisuras de los labios.

Basta Señor Briks, la baba es por el brebaje. Que no. Que no nos vamos de locas.

MUCHAS GRACIAS A TODOS.


Tengan ustedes muy buenas noches.

viernes, 1 de mayo de 2009

FELIZ DÍA PARA TODOS LOS TRABAJADORES / POTENTE GEN

Síntesis del post: Modesta felicitación a todos los trabajadores del país. Y Potente Gen, porque es viernes, y los viernes yo siempre subo un Potente Gen.

Cuestión previa:
El día 7 de octubre del año 2008 subí este post. La verdad es que estaba ansioso por hacerlo, y aunque sabía que el día correcto era hoy, no pensé que fuera a acordarme luego de tanto tiempo. Entonces opté por subirlo igual, y en todo caso repetirlo en el día correspondiente.

Bien... hoy es el día correspondiente.

FELIZ DÍA PARA TODOS LOS TRABAJADORES DE ESTE PAÍS



Ahora sí...

POTENTE GEN

Este PG es, por sobre todas las cosas, fino. Muy fino. Desde mi humilde punto de vista, la señorita que examinaremos a continuación (la menor digo, no se hagan los tontos) es una de las mujeres más interesantes del planeta. Tenía ganas de tener algunas fotos de ella en este espacio.

Sé que el Gen Cruz se va a quedar con esta manga, pero bueno, esto de hoy es un gusto personal. Un PG estético. Una joya de la casa...

Gen Paltrow *


Blythe Danner y Gwyneth Paltrow. Mamá e hija.

Gwyneth, espléndida.

Blythe, gracias por esa hija.

Cuadro comparativo.

Blythe, otra vez gracias.

Gwyneth, otra vez espléndida.

Y la última, para irnos.


Y me voy contento. Porque la puse a ella. Y porque es viernes primero de mayo. Y los viernes primeros de mayo yo no trabajo. Y almuerzo con la familia. Y pongo cara de can humedecido para que me permitan lamer algunos huesos. Y me tomo unos buenos vinitos. Y duermo la siesta.

* Lo bauticé Gen Paltrow (y no Danner) porque soy un baboso. Sepan comprender.


Tengan ustedes un reposado fin de semana largo.

lunes, 23 de marzo de 2009

LUNES POR MARTES Y ALGO DE RECICLADO

Síntesis del post: Feriado. Lunes por martes. Individuo incordioso. Reciclado.

Buenos días.

Como vivimos en un mundo regido por la información, la actualidad y la información sobre actualidad, vamos a suponer que todos estamos al tanto de que mañana es feriado nacional.

Y como ese conocimiento que asumimos compartido requiere un trabajo de observación -si no del mundo que nos rodea, al menos de algún noticiero de televisión-, vamos a permitirnos asumir, con una osadía emocionante, que también compartimos otro conocimiento. Uno que requiere menos observación y más lógica: En los feriados nacionales no se trabaja.

“Vaya al grano hombre”, estarán diciendo algunos de ustedes mientras leen.

“Bueno”, contesto yo, que jamás me escudo detrás de una frase confusa.


Mañana me voy de joda todo el día, y aunque ya había insinuado que el posteo de los martes podía quedar suprimido hasta el mes de abril (o sea mañana y el martes de la semana que viene), no me había percatado de este feriado nacional. Por lo tanto, a riesgo de tener que soportar que alguno razone que si no estoy mudando la oficina tengo que subir aunque sea un saludo para todos los que me conocen, me inmolo y posteo en lunes.

Y si ese mismo individuo, con una inquebrantable voluntad de incordiar, acotara que en lunes también debería estar mudando mi oficina, yo le retrucaría que mi capacidad de previsión se encuentra fuera de alcance para el entendimiento del Homo Sapiens promedio, y que estas líneas que ahora lee en realidad fueron escritas ayer por la noche.

“Bueno… ¿y de qué va a hablar?”, preguntarán algunos de ustedes ya hartos de esta introducción sin sentido.

“De nada, voy a subir un posteo viejo”, contesto yo sin ninguna voluntad de disfrazar mi ausencia absoluta de imaginación.

Y si aquel amigo del incordio que habíamos logrado silenciar hace un momento alzara su voz de protesta, haré como que no escucho y seguiré adelante con el plan.

Hace un rato, mientras trataba de elegir el viejo post para adornar el nuevo post sonó el teléfono y una señorita me preguntó si era el consultorio del psiquiatra Cantalapiedra (digo Cantalapiedra porque no me acuerdo el apellido).

Creo en el Cosmos. Creo en sus señales. Creo que debo escuchar.

El post está elegido. A los que ya lo leyeron, les pido disculpas, y a los nuevos… también:


DESCONFÍO (Post reciclado)



Esta semana me tocó leer un sinfín de artículos relacionados con la desconfianza. Incluso tuve que soportar un planteo directamente vinculado con ese tema. No sé por qué existen momentos en los que uno se topa permanentemente con el mismo asunto -como si fuera una moda impuesta por el cosmos- hasta que llega un punto en el que no lo soporta más y decide hacer algo al respecto. En mi caso, ese algo es escribir una pequeña reflexión que me ayude, si no a comprender las casualidades cósmicas, al menos a producir alguna conclusión engañosa.

En la vida, para no acabar pasando por tonto, es necesario aprender a desconfiar de ciertas personas que solo revelan su naturaleza maligna a través de pequeñas acciones intrascendentes para el incauto, pero muy evidentes para el ojo entrenado.

Yo desconfío de los que se ríen a carcajadas, de los que utilizan diminutivos como recurso permanente en sus conversaciones, de los periodistas, de los ambidiestros, de los profesores de literatura inglesa, de los que tienen lunares extraños, de los que consumen muchas aspirinas, de los que juegan ajedrez en el parque, de los que tienen menos de tres enemigos, de los que besan las manos de los bebés, de los vegetarianos, de los políticos con anillo, de los que llevan fotos en la billetera, de los que duermen boca arriba y de los psiquiatras. Sobre todo de los psiquiatras. El mío, por ejemplo, se pasa toda la sesión en actitud sospechosa, hecho que me desconcierta por completo y hace que me lo tome muy mal. Sin embargo a él no parece importarle.

El martes último tuvimos un encuentro repleto de conflictos y tensiones, y a raíz de eso, creo que nuestro vínculo se resintió para siempre. El grado de agresividad que mutuamente nos demostramos es muy alto y, asumo, irreversible.

Todo comenzó cuando decidí abrir mi corazón para confesar que creo estar enamorado de Anjelica Huston, y que hace varios meses sueño que ella irrumpe en la alcoba más grande de mi palacio para raptarme apelando a los procedimientos que se utilizaban en la Edad Media. Luego huimos juntos hacia una vida llena de felicidad en una carroza de cristal guiada por Lenin y arrastrada por ocho majestuosos elefantes asiáticos enfermos de sífilis. Más tarde decidimos viajar a América ocultos en las bodegas de un viejo galeón español, y ataviados con blancas y prolijas túnicas de origen griego para pasar desapercibidos frente a los oficiales de a bordo. En el nuevo continente fundamos una ciudad de nombre “La Caracola” y vivimos relativamente felices hasta que somos descubiertos por su eterno enamorado, Raúl Juliá. En ese punto siempre me despierto sobresaltado.

Como siempre, este diabólico profesional de la mente ajena se detuvo en detalles de poca o ninguna relevancia, y acabó minimizando mis sentimientos entre sonoros resoplidos y manifiestos revoleos de ojos. Acto seguido concluyó que los sueños representan qué se yo cuáles deseos ocultos que no se corresponden con su desarrollo, y que hay que tomarlos como lo que son. Sueños. Finalmente hizo algunas anotaciones en una libreta negra y guardó silencio.

Yo estaba furioso. Esa misma actitud fue la que mostró el día que le conté aquel sueño en el que Robert Wagner y Fernando de Aragón me perseguían por las arenas del Coliseo disfrazados de escribanos daneses; o aquel otro sobre las pestañas de Martin Luther King y la ropa interior de la Reina Victoria de Inglaterra. Entonces lo acusé de creerse superior al resto de los mortales, y de ampararse en una dudosa cordura para glorificar la excelencia de sus píldoras. Pero solo me respondió que me sosegara, y juró saber muy bien lo que estaba haciendo.

Me retiré del consultorio portando una receta atestada de nombres extraños, sabiendo que una vez más aquel personaje funesto intentaba digitar mis pensamientos con una de sus píldoras creadas en el sótano de algún laboratorio extranjero. La roja por la mañana, la azul por la noche y listo; inventamos un individuo casi normal, perfectamente apto para invadir el universo de los cuerdos con su desesperanza inducida.

Yo desconfío, y solo por eso he logrado conservar intacta la esperanza.

Desconfío de los que comen las hamburguesas al plato, de los que no usan despertador, de los que caminan muy rápido, de los que se bañan con agua tibia, de los que se lavan los dientes más de dos veces al día, de los que trabajan después de la cena, de los que no toman vino tinto, de los que enseguida vuelven, de los que levantan la mano, de los que guiñan el ojo al saludar, de los que le sacan la piel al pollo y de los psiquiatras. Sobre todo de los psiquiatras.


Tengan ustedes un consagratorio día feriado.