
Cuestión previa: Fragmento de un diálogo en el marco del segundo de una serie de encuentros casuales con un anciano. La escena transcurre en un parque, bajo un ombú; no estoy seguro si dentro o fuera de mi cabeza. Probablemente dentro.
Lo hallé sentado en el mismo banco que la tarde anterior, refugiado bajo la sombra del viejo ombú. Al principio no advirtió mi presencia, pero apenas lo hizo actuó con absoluta naturalidad, como si aquel segundo encuentro hubiera surgido de una suerte de pacto preexistente.
- Me he quedado pensando acerca de lo que dijimos ayer sobre las mariposas- contestó con la mirada clavada en el piso.
- Vamos a ver- inquirí algo molesto-, ¿qué tiene usted que reprocharles a esas magníficas criaturas?
El anciano echó unas migajas al suelo y buscó de reojo alguna sonrisa cómplice, pero en el parque no había nadie además de nosotros.
- Es que son frágiles, breves y coloridas-, aclaró con una mueca de tristeza-. No por nada son incluidas en casi todas las metáforas que aluden al amor.
- No me parece que sea el caso- protesté-. Yo las asocio más bien con la primavera.
- Eso es porque usted es un ser carente de imaginación.
Luego de esa sentencia guardó un instante de silencio que sirvió para disolver mis prisas.
- Las mariposas tienen con la primavera una relación real y concreta- explicó con benevolencia-. Ellas existen en primavera; florecen; bailan; adquieren intensidad. Usted no ha descubierto nada. En cambio, en el campo del amor estamos obligados a imaginarlas. Se sienten. Se sueñan. Pero muy a su pesar, no se ven. Ahí radica su desventaja.
- ¿Me está diciendo que soy un insensible?
- No lo conozco tanto como para afirmar esa atrocidad, pero aun así poseo el derecho a la sospecha.
- Me duele que luego de tantas horas de coloquio piense eso de mí. Sobre todo cuando fue usted quien eligió difamar a las mariposas.
- Yo no las difamo- objetó-. Solo las ubico en un sitio acorde con sus merecimientos.
- ¡Mentira! Usted las utiliza para ocultar las cenizas de algún amor.
- Las cenizas son solo cenizas- reflexionó-. No tienen nada que ver con las mariposas.
No había dicho aún la última palabra cuando me levanté de mi asiento.
- Será mejor para los dos que continuemos con esto en otro momento-, sugerí.
- Como a usted le parezca.
Emprendí el camino de regreso albergando una seria sospecha sobre las intenciones de las mariposas.
¿Serán capaces de ofrecernos una apariencia tan distinta de la verdad?
Talvez sea ese su único punto de contacto con el amor.
Tengan ustedes muy buenas noches.











