Extraña sucesión de infortunios que, poco a poco, fueron minando mi voluntad hasta transformar aquel viejo anhelo de triunfo en esta pacífica convivencia con el fracaso.

miércoles, 20 de octubre de 2010

UNA PINTURITA

Síntesis del post: Una prima. Un novio. Un artista. Un cuestionario. Una simpatía. Una evasión.



Como es habitual en el devenir de este humilde espacio, hoy me presento ante ustedes resuelto a desarrollar un asunto de la más cruda actualidad. En mi opinión, si uno no aborda los temas que dominan el centro de la escena en un momento dado, si no transita con habilidad los vericuetos de la coyuntura, todo aquello que tenga para decir o para contar acaba perdiendo entidad en la mente del vulgo. Y yo no puedo darme ese lujo.

A lo nuestro entonces.

Resulta que tengo una prima. Bueno, una sola no. En rigor de verdad tengo varias primas, pero la que me importa en esta ocasión es ella. No, tampoco es que las demás no me importen, no tergiverse mis dichos. Lo que quiero expresar –parece que sin demasiado éxito- es que no todas mis primas son relevantes a los fines de este artículo. Más aun, solo una lo es. Por eso comencé el párrafo diciendo que tengo una prima, aunque en rigor de verdad tengo varias. Pero si usted desea creer que tengo una sola, adelante, hágalo. Me viene como anillo al dedo. Porque no sé si le dije que solo una de ellas es relevante a los fines de este artículo. Sin embargo, lo que sí es de vital importancia para el normal desarrollo de estas líneas es que si decide asumir que tengo una sola prima, esa prima sea la que –en efecto- es relevante a los fines de este artículo, y no una de las tantas que no lo son. Aunque ahora que lo pienso, usted no conoce a mis primas. Tendría que ser un individuo condenadamente retorcido para inventarme una prima distinta de la que pretendo transformar, ni bien logre poner fin a esta modesta introducción, en la materia principal de mi análisis.

Medite muy bien lo que va a hacer. Confío en usted.

Ahora sí, a lo nuestro.

Resulta que tengo una prima. Dieciocho años tiene, ella. Y también tiene un novio. Un novio nuevo. El hombre, el imberbe –veinte años tiene-, es pintor. Pero no un pintor de brocha gorda. No. Es un artista. O eso pretende. Y por el simple hecho de serlo, o pretender serlo, es mirado con desconfianza por la plana mayor de su familia política. O sea, mi familia de sangre.

Qué injusticia.

Deseo dejar a salvo mi buen nombre y honor de cualquier cuestionamiento que pueda estar gestándose en la cabeza medieval de alguno de mis lectores. Yo lo miro con buenos ojos. El hombre, el imberbe –veinte años tiene-, es un artista. O pretende serlo. Y yo comparto esa pretensión, aunque en una rama más modesta del arte. Dicen los que saben que combinar palabras es más sencillo que combinar colores, aunque ninguna de estas dos actividades pueda compararse con el arte de combinar notas musicales.

En fin… son puntos de vista. La cuestión es que el imberbe cuenta con mi beneplácito. Debe ser por eso que busca refugio en mi compañía en cada reunión familiar.


- ¿Ya la pintaste desnuda?

- ¿A quién?

- A mi prima. Si no la pintaste desnuda, quiere decir que nunca la viste. O la viste y no la miraste. Y si la miraste y no la pintaste, quiere decir que no sos un artista. Pero sobre todo, que solo te interesa el sexo. Porque no creo que solo hayas mirado. Así que decime, ¿la pintaste o no la pintaste?

- …

- Sí o no.

- No.

- Pero sos un artista.

- Sí.

- Entonces tenés pensado pintarla.

- …

- Sí o no.

- Sí.

- Cuando eso pase, quiero que nunca en tu vida reveles la existencia de ese cuadro. A menos que ya lo hayas pintado y no me lo estés diciendo, cosa que me pondría muy pero muy contento, porque querría decir que entendiste mi punto. En serio… ¿ya lo pintaste?

- …

La cuestión –les decía- es que el imberbe cuenta con mi beneplácito. Lo que no termino de comprender es por qué ahora huye de mí en todas las reuniones familiares.


Tengan ustedes muy buenas noches.

PS: En breve reanudaré mis visitas por los espacios virtuales amigos y afines. Gracias por la paciencia.

miércoles, 13 de octubre de 2010

GALARDÓN VISIBLE

Síntesis del post: Nuevo galardón. Agradecimiento. Interrupción de la cadena. Y nada más.

Etienne, que gobierna con mano de hierro detrás de los muros de una ciudad que puede verse desde casi cualquier sitio del planeta (les sugiero que la visiten), ha caído víctima de un repentino golpe de calor, un severo traumatismo de cráneo o un episodio de hipertensión. Esto se hizo evidente en el instante en que decidió otorgarme un nuevo galardón que, haciéndome el zonzo, recibo con los brazos abiertos y exhibo orgulloso debajo de estas breves líneas.

Como es costumbre, me arrodillo con los puños apretados en el círculo central y repaso mentalmente la lista de mis enemigos para elegir alguien a quien enrostrárselo. Luego me apersono en su casa virtual (a la casa de Etienne me refiero), me apropio de la estatuilla y salgo corriendo a mi cueva antes de que se arrepienta, en la inteligencia de que un galardón exhibido implica, no solo una transacción terminada, sino también el derecho soberano a rechazar su devolución.




¡MUCHAS GRACIAS ETIENNE!

Ahora es el momento en que debería continuar con esta simpática cadena, repartiendo el galardón entre un número determinado de espacios amigos.

Pero esa no es la costumbre de este humilde servidor, y bien sabido es por todos ustedes que la costumbre es la fuerza que rige el mundo.

Por lo tanto no lo haré.

Es todo.


Tengan ustedes muy buenas noches.

viernes, 8 de octubre de 2010

POTENTE GEN / CUESTIONARIO

Síntesis del post: Potente Gen, porque es viernes, y los viernes yo a veces subo un Potente Gen. Cuestionario.

Cuestión previa: Resulta que Elvis -un amigo de la casa que se toma el trabajo de leer estos desvaríos en la otra orilla del charco- propone que este humilde servidor (entre otros ilustres individuos) responda un cuestionario.

Y este humilde servidor responderá sin más. Porque Elvis le cae muy en gracia; porque sus blogs son muy interesantes; porque ya suficiente castigo tiene con ser hincha del Real Madrid; y por aquello de que “aceptaré cualquier propuesta, aun las más osadas o ayunas de ética”, que en forma ingenua declara en la barra lateral de este espacio.

Pero antes a lo nuestro, que todos sabemos dónde tiene su centro el interés del vulgo.

Sí, ya sé que entonces la cuestión previa pierde el atributo de ser –precisamente- previa. Pero le diré que eso no me importa en lo más mínimo. Estoy en mi casa y ordeno los muebles como se me pega la regalada gana.


POTENTE GEN

Gen Kusnetzoff

Juan Carlos. Padre. Sexólogo.

Andrés. Hijo. Conductor de radio y TV.

Andrés y Juan Carlos. Padre e hijo.

Es para entendidos, así que confío en ustedes.

Los escucho. Pero antes de opinar, otórguense un tiempo de reflexión.

No sé… podrían hacerlo mientras leen las respuestas del cuestionario:



1. ¿Te llevas bien con tu suegra?

Sí.

2. ¿Cuál es tu reto?

Llegar vivo a la próxima media hora.

3. ¿Qué le dirías a tu jefe si te tocara la lotería?

Nada. No le diría nada. Mandaría el telegrama de renuncia, como corresponde.

4. ¿Qué harías si descubrieras que alguien te está mintiendo?

Depende la situación. En el 95% de los casos, nada.

5. Si se quema la casa y sólo puedes salvar una cosa, ¿qué salvas?

El osito de mi hija. No quiero berrinches.

6. Entras en un sitio con mucha gente, ¿qué haces?

Salgo.

7. ¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío?

Soy pesimista, un poco por instinto y otro poco por elección.

8. Te encuentras con una lámpara mágica, ¿qué tres deseos pides?

1- Un asado con papas fritas.
2- Un cuarto kilo de helado de banana.
3- Una botella de Yoni Uoquer Etiqueta Azul.

Todo lo demás es para problemas.


9. ¿Qué te llevó a escribir un blog?

Una casualidad. Leí un artículo de un blog que me mandaron por mail, me gustó y entonces decidí hacer uno yo.

10. Si fueses un dinosaurio, ¿cómo te llamarías?

Yoni.

11. ¿Querrías cambiar algo de tu pasado?

Sí, dos o tres cosas.

12. ¿Cuál es tu sueño?

Llegar vivo a la próxima media hora.

13. ¿Qué es lo más vergonzoso que has hecho?

No lo puedo contar.

14. Si fueras un animal, ¿cuál sería?

El tigre de tasmania, ya lo dije en la barra lateral del blog.


Listo. Por último tendría que pasarle la posta a alguien, pero no lo haré. Y tampoco daré explicación alguna.

Y ahora me voy contento, porque es viernes. Y los viernes yo almuerzo solo. Y como lo que se me antoja. Y me tomo un vinito chico con soda y hielo. Y postre. Y café, si dan.


Tengan ustedes un extendido fin de semana.

martes, 5 de octubre de 2010

CARLITOS QUEDATE QUIETITO

Síntesis del post: Carlitos. Mal comportamiento. Descontento general. Delirio onírico. Justicia. Reflexión.



Carlitos, quedate quietito, haceme el bendito favor. Eso le dice la mamá. A Carlitos, por supuesto.

Pero Carlitos es uno de esos niños que no se tutean con las advertencias maternas. Sus actos cotidianos suelen transformarse en osadas exaltaciones de la libertad; inauditos desafíos; pequeñas reivindicaciones de lo prohibido.

La gente –a la clientela me refiero- observa escandalizada mientras el odioso infante toquetea las latas de arvejas, olfatea los frascos de aceitunas y pasa la lengua por el vidrio del mostrador de los quesos. Sin embargo, lo que en realidad indigna, si se me permite la inferencia, no es su vasto repertorio de ilícitos sino la tibia moción de orden impulsada por la dama encargada de su educación.

Lo que Carlitos necesita no es andar concediendo favores benditos en un almacén de barrio. Es más bien un baño de autoridad. Un baño frío. Muy frío. Helado. Repentino. Un oportuno castañazo de revés que lo deje sintiendo los latidos de la mejilla por un período de doce a veinticuatro horas. Un sopapo justiciero. Público. Ejemplar. Un mojón recordatorio de su expedición a la frontera última de la paciencia. Eso necesita.

Carlitos, quedate quietito. Es un minuto nomás, ya pago y nos vamos. Eso le dice la mamá. A Carlitos, por supuesto.

Pero Carlitos no se digna a recibir el mensaje, por lo tanto la escena inicial se repite a pesar del descontento del público presente.

En rigor de verdad, yo tampoco logro reprimir el sentimiento negativo que me produce el mocoso. Si alguien me observara con detenimiento, seguramente percibiría sin problemas la mueca de odio que debe estarme frunciendo el rostro, sobre todo en la zona de la frente y los pómulos.

Me dejo llevar por un fugaz delirio onírico gracias al cual logro el objetivo de abstraerme del Carlitos real. Del Carlitos sustancial. Mientras tanto el Carlitos imaginario –imaginado sería un término más apropiado- sufre toda clase de torturas entre alaridos y llantos. Mendiga la presencia de su madre y promete revisar todas y cada una de sus irritantes conductas en un futuro inmediato. El más inmediato.

Y de pronto el llanto de Carlitos. Del Carlitos real. Del Carlitos sustancial.

Lleva el rostro cubierto de aceite y huele como a anchoa, a sardina o a boquerón. Es evidente que de alguna forma se las arregló para introducirlo dentro de uno de los recipientes que contienen a estos simpáticos representantes de la fauna marina, y que se encuentran expuestos sobre el mostrador del fondo. Talvez se patinó. O quizás fue adrede. En este momento da lo mismo. Lo importante es que la gente –a la clientela me refiero- celebra el incidente. Es un festejo sobrio, de más está decirlo. Son apenas muecas. Alguna que otra risita sigilosa. Pero nada más que eso.

¿Qué pasó Carlitos? ¿Qué hiciste? Eso le pregunta la mamá. A Carlitos, por supuesto.

Pero Carlitos produce una respuesta ininteligible, ahogada en sus propios sollozos. Y justo en el instante en que logra la calma necesaria para dar el parte, aparece en escena un gordo que clava dos ojos furibundos sobre su diminuta humanidad. Viene desde el mostrador del fondo, así que, por lo menos para mí, el hecho ha quedado completamente esclarecido.

Carlitos vacila entre la denuncia y el silencio, y finalmente opta por esto último. Baja la mirada y repite una y otra vez la palabra ‘nada’ hasta que su madre se rinde.

Carlitos, quedate quietito mientras pago. Eso le dice la mamá. A Carlitos, por supuesto.

Y Carlitos obedece. Y sigue oliendo a anchoa, a sardina o a boquerón. Y la gente –a la clientela me refiero- celebra con sobriedad. Apenas muecas y alguna risita. Y los ojos furibundos del gordo no dejan de mirarlo. Y yo me abandono a un delirio onírico más pacífico. Más placentero. Porque sé que a veces, solo a veces, si uno lo desea mucho, un simple sueño puede convertirse en realidad.



Tengan ustedes muy buenas noches.

PS: El miércoles a las cero horas publico mi artículo en MIB. Arderán en el infierno quienes… bueno… ya lo saben.

martes, 28 de septiembre de 2010

ALGO DAÑINO

Síntesis del post: Fin de la niñez. Mal día. Resentimiento. Algo dañino.



Aceptémoslo; usted ha dejado de ser un niño. Su señora madre decidió suprimir la compra mensual de su pasta de dientes favorita. Esa con gustito a frutilla. También se resiste con inusitada firmeza a lavarle los calzones y, lo que es peor, a depositarle la paga semanal sobre su mesa de noche. El mundo tal y como lo conoció hasta el día de hoy se desmorona sobre su cabeza, exigiéndole un replanteo que supera con creces la cantidad de improvisación presupuestada para el año en curso.

Su condición actual es expuesta con crudeza, trazándose una injusta analogía con la fábula de la hormiga y la cigarra. De nada sirve ahora esa briosa exaltación de las virtudes de la cigarra que ensaya con el afán de ablandar el corazón de su progenitora. Ella desea que se busque un empleo. Y en lo posible uno honesto; de esos que retribuyen un esfuerzo físico o intelectual con una cantidad de moneda de curso legal determinada de antemano. Un verdadero escándalo. Una pretensión inadmisible.

Para colmo de males, su padre –siempre tan didáctico- le explica que el vello que ha echado en algunas zonas más o menos privadas de su anatomía no solo le otorga derecho a demostrar su condición de macho alfa entre las sábanas de alguna señorita (algo de lo que está orgulloso), sino que también le impone la obligación de abonar los gastos que ello demande con fondos propios.

No, ni siquiera lo piense. Usted sabe mejor que nadie que si en cuatro años de carrera ha rendido con éxito solo siete exámenes finales, las posibilidades de que se reciba de algo son insignificantes. La excepción que pretende interponer prosperaría si se hallara a unos pocos metros de la bandera a cuadros, y para las distancias que usted maneja sería mucho más apropiado utilizar el año luz.

“Oiga… ¿por qué me dice estas cosas horribles?”, preguntará usted, que si bien no se reconoce en el ejemplo que traigo a la mesa, deja escapar alguna que otra lágrima rememorando un pasado no del todo cicatrizado.

La verdad es que no lo sé. No puedo dormir. Tuve un mal día en el trabajo. Cometí errores infantiles. Ignoré detalles notorios. Comprometí recursos insustituibles.

Qué sé yo… me gusta pensar que con estas líneas le estoy amargando el día a alguien más. Que estoy poniendo de manifiesto –sin anestesia- lo irreparable de sus conductas. Que estoy hiriendo de muerte alguna adolescencia extemporánea.

No sé… algo. Algo dañino.



Tengan ustedes muy buenas noches.

viernes, 24 de septiembre de 2010

POTENTE GEN

Síntesis del post: Potente Gen, porque es viernes, y los viernes yo a veces subo un Potente Gen.

Presento en esta ocasión un nuevo ensayo en busca de la ansiada unanimidad. Sinceramente no creo que la misma se produzca, pero sí aspiro a la obtención de una mayoría abrumadora.

Veamos qué tienen para decir.


POTENTE GEN

Gen Clijters

kim y Jada. Madre e hija.

Kim y Jada con la copa del US Open.

Kim y Jada con la copa otra vez.

Los escucho.

Bien, mejor así.

Ahora me voy contento, porque es viernes. Y los viernes yo almuerzo solo. Y como lo que se me antoja. Y me tomo un vinito chico con soda y hielo. Y postre. Y café, si dan.



Tengan ustedes un opulento fin de semana.

martes, 21 de septiembre de 2010

EL MÉTODO

Síntesis del post: Discusión. Ausencia de método y pulcritud. Escarnio público. Risas. Salud arterial. Reflexión.



Una señorita discute en público con su pareja. Está enojadísima, ella. Le atribuye una decena de conductas violatorias de otras tantas reglas. Reglas objetivas. Reglas inmutables dictadas por un ente divino que se encuentra muy por encima de los designios de cualquier voluntad terrenal. Y con ello cuestiona la propia esencia de su naturaleza moral; los cimientos de sus apetitos más primarios. Está, por decirlo de una manera vulgar, que se la llevan los vientos.

Del reproche se desprende que el hombre ha obrado sin método. A la que te criaste, diría yo recurriendo a la vulgaridad por segunda vez en menos de cinco renglones. Ha cometido demasiados errores, y entonces el argumento de la dama progresa del mismo modo en que lo haría un tumor alojado en alguna víscera fundamental, ajeno a todas las barreras interpuestas.

Los gritos se adueñan de la escena. Pasa un taxista y celebra con un chiflido la generosidad de la minifalda. Es azul. A la minifalda me refiero. Un turista japonés se detiene y observa con extrañeza, como dudando entre intervenir o continuar con su infructuosa búsqueda del obelisco porteño. Las demás personas transitan despreocupadas.

La señorita taconea, aguarda una respuesta satisfactoria mientras coloca las manos sobre el extremo inferior de la pollera y la estira para evitar nuevas loas.

Un cartonero arrastra un carro repleto de papeles y cajas descompuestas. Se ríe. Se ríe mucho, como si toda la vida hubiera esperado el momento apropiado para hacerlo. Y tiene razón. El escarnio público es poco castigo frente a la ausencia de pulcritud. El hombre que opera sin método merece la carcajada de sus pares.

Se me antoja una hamburguesa, aunque sé que la salud de mis arterias es constante motivo de preocupación en el seno de mi familia. No debería, pero soy titular de una fuerza de voluntad que presenta –lo admito- sus buenas grietas.

Dudo un instante.

El método a la hora de la ocultación de las conductas violatorias de esas reglas objetivas dictadas por un ente divino (o por un médico terrenal) lo es todo. Yo lo sé, y el cristiano que soporta la risa y el escarnio también lo sabe. La diferencia entre los dos es, quizás, la pulcritud. El bendito método.

Apago el celular e ingreso presuroso al local de comidas rápidas. Luego llegará la hora de disfrazar el desliz con algún oportuno trámite bancario que asumirá la responsabilidad por esa desconexión y ese almuerzo familiar que ya no será.

En fin… cada uno se ocupa de su basura como buenamente puede.



Tengan ustedes muy buenas noches.

lunes, 13 de septiembre de 2010

EL PLANETA DE LOS SIMIOS

Síntesis del post: Experimento. Científicos locos. Grandes palizas. Viajecitos frecuentes. Hallazgo. Asociación de ideas. Reflexión.



Tenemos este experimento. Un experimento del que, sin duda, varios de ustedes habrán oído hablar en alguna oportunidad, pero que yo no puedo dejar de relatar sucintamente en orden a dotar de sentido al presente artículo.

Resulta que un grupo de científicos locos encerraron a quince monos en una jaula. Luego, en el centro de dicha jaula colocaron una escalera, y sobre ella una banana.

El caso es que cuando un mono subía la escalera con la peregrina idea de hacerse con la banana, el resto de sus compañeros recibía una tremenda descarga eléctrica. Como resultado de ello, al cabo de un tiempo, si a alguno se le daba por encarar hacia la escalera, los otros le propinaban una paliza de esas que delimitan eras.

La consecuencia lógica del asunto fue que, pasado algún tiempo más, a ningún mono se le ocurría siquiera acercarse al centro de la jaula, y fue entonces cuando este inquieto grupo de científicos decidió reemplazar a uno de los animales por otro nuevo.

Supongo que el instinto de los amables lectores me eximirá de relatar cuál fue la primera idea que atravesó la cabeza del recién llegado, y cuál fue la reacción que obtuvo de sus compañeros.

Sí, lo molieron a palos.

Más tarde los científicos reemplazaron a otro individuo, sufriendo el novato el mismo triste destino que el anterior, y así continuó el asunto hasta que el último de los quince integrantes originales también fue reemplazado.

Bien. La cosa es que los monos que quedaron en la jaula continuaron ajusticiando a todo aquel que pretendía alcanzar el premio ubicado al tope de la escalera, pero sin tener la más pálida idea de la razón. Ninguno de ellos había recibido jamás una descarga eléctrica.

Según entiendo, este original experimento sirve como prueba a un sinfín de teorías relacionadas con la estupidez, el comportamiento de imitación, la costumbre y la tradición. Pero lo que en realidad nos importa a nosotros es que sirve de base a este humilde artículo. Y nada más.

A lo nuestro entonces, no sin antes aclarar que será de ustedes la tarea de asociar ideas. Yo ya hice mi trabajo, y estoy más que conforme con él.

Resulta que de vez en cuando, pongamos por caso una vez por mes, me pego un viajecito. No, no esa clase de viajecito. No sea malpensado. Lo que yo hago es agarrar mis petates y lanzarme al ciberespacio bloggeril sin rumbo fijo. Me alejo del vecindario que suelo frecuentar y exploro galaxias que desconozco por completo. Al cabo de un rato ya me son ajenos los blogs, los autores y los comentaristas, y yo les soy ajeno a ellos, puesto que la principal característica del recorrido suele ser la asepsia. Es decir que no existe interacción alguna, solo pura observación de mi parte.

“¿Y qué tiene que ver esto con el asunto de los monitos electrificados?”, preguntará usted agotado de tanto prólogo y tan poca novela.

No lo sé. Le acabo de explicar que la asociación libre de ideas correrá por su cuenta, así que ahora no empiece a cuestionar mis métodos.

Lo que sí puedo contarle es que en mi último viaje me topé, por casualidad, como quien no quiere la cosa (y es que de veras no quería la cosa), con un blog en el que el autor, sus seguidores, los comentaristas frecuentes, los visitantes ocasionales y los anónimos se sacaban los ojos por adueñarse de los comentarios catorce y dieciocho. Y cuando alguno lo lograba, colocaba el número con puntos suspensivos. Incluso he llegado a ver más de un pedido de disculpas.

Lo curioso es que por más que revolví en las profundidades del archivo en busca de uno o más nexos con mi persona, no los encontré. Ninguno de ellos tiene la más remota sospecha de mi existencia, y mucho menos de este costado esotérico que tanta atención me demanda, y tantos insultos me ha hecho ganar.

No sé. Me pareció interesante.

Es todo.

“Oiga… ¿Me está comparando con un mono de laboratorio?”, preguntará usted, que no gusta de que se le escapen mientras asocia ideas.

No por favor. No me malinterprete.

¿Usted cree que me voy a colocar en el papel del científico?

Entonces no me conoce.

De ninguna manera. El primer mono soy yo. Soy el primate que escapa con un motivo válido. Y usted conoce ese motivo. Me conoce a mí.

En cambio esta gente no pelea por escapar del trece, sino por adueñarse del catorce. Lo que la mueve no es la superstición. Es el afán de poseer. De tener lo que otros también desean por el simple hecho de llegar primero. Y para ello recurre a una sencilla formulita cuyo rigor respeta a rajatablas, aun desconociendo por completo el origen.

Creo que las diferencias son elocuentes.

¿Ahora me entendió?

Buen chico…

¿Quiere una banana?



Tengan ustedes muy buenas noches.

viernes, 10 de septiembre de 2010

POTENTE GEN

Síntesis del post: Potente Gen, porque es viernes, y los viernes yo a veces subo un Potente Gen.

Estimados:

En esta ocasión voy a presentarles un ejemplar que sin duda se sumará al selecto grupo destinado a quedar por siempre en el relicario de la sección.

La potencia de este gen que llega a nosotros proveniente del mundillo deportivo torna virtualmente innecesaria la opinión del vulgo. Pero reglas son reglas, así que a lo nuestro sin más.


POTENTE GEN

Gen Lineker


Gary y George. Padre e hijo.

Gary y George. Sobrecogedor primer plano del goleador inglés y su hijo.

Aplausos por favor.

Muchas gracias.

Ahora me voy contento, porque es viernes. Y los viernes yo almuerzo solo. Y como lo que se me antoja. Y me tomo un vinito chico con soda y hielo. Y postre. Y café, si dan.



Tengan ustedes un deportivo fin de semana.

PS: Resulta que con los muchachos de MIB hemos decidido participar en un concurso que en caso de ganar nos aportará fama, gloria y fortuna. Pero para eso necesitamos de su desinteresada colaboración. Arderán en el Infierno si no se prestan para llevar a cabo el monumental fraude que estamos planeando. Pasen a dar testimonio de su incondicional adhesión a la causa. Muchas gracias.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

EL RÚBEN, SUS AMANTES, EL TESTIGO Y EL GOLEADOR

Síntesis del post: Agresión. El Rúben. Título barrial de peso completo. Testigo imparcial. Inoportuna intervención. Futbolista. Conclusión.



La escena que nos ocupa en el día de la fecha transcurre en la vía pública, a las once y media de la noche y delante de dos testigos que no dan crédito a lo que ven. Uno de esos testigos es, como no podía ser de otra manera, este simpático profesional con una marcada tendencia a poner por escrito un significativo porcentaje de los asuntos que le toca presenciar.

Así las cosas, resta aclarar que en virtud de la naturaleza del hecho, sus múltiples aristas y derivaciones, habría sido una picardía retenerlo en la memoria solo para ser presentado en forma de anécdota verbal en alguna tertulia futura. Un desperdicio imperdonable.

A lo nuestro sin más, que tengo miedo de que el entusiasmo me conduzca a extenderme más de la cuenta en el planteo.

Una mujer de unos cuarenta años, rubia y algo pasada de peso aguarda parada en la esquina a que el semáforo la habilite a cruzar la calle. De pronto otra mujer de similar edad, rubia también y algo –bastante- más pasada de peso que ella se arrima a la carrera y la ataca por la retaguardia de la forma más artera. Primero le aplica un sonoro castañazo en la nuca y luego, antes de que alcance a darse vuelta, le sacude el parietal derecho con un certero revoleo de cartera.

“¡La próxima vez que te le acerques al Rúben te pego cuatro tiros en las piernas!”, ruge la agresora mientras su víctima intenta decodificar el cuadro de situación sin perder la vertical.

Ahora tenemos a las dos involucradas cara a cara. Una bufa como un toro con la banderilla clavada en el cerviguillo, y la otra se apresta a devolver gentilezas. Es claro que aquí no hay inocentes. El motivo del ataque ha sido identificado y aceptado como válido, ya que el brillo en los ojos de la agredida parece gritar a los cuatro vientos que a ella el único que la cachetea es el Rúben.

Escena de pugilato en puerta. En la vida existen asuntos cuya delicadeza demanda que sean dirimidos a golpes. No hay palabra capaz de calmar el hervor del espíritu. ¿Quién es uno para mancillar con una intervención inoportuna e injusta su propia condición de testigo imparcial?

Bueno, sí, me quedé mirando cómo las dos gorditas se daban de patadas en la vía pública. Tampoco es para tanto.

Debe ser –al Rúben me refiero- un hombre de excepción, porque sus dos amantes se pegan, se patean, se arañan y se insultan con un fervor digno de elogio. Si alguien hubiera osado cobrarme una entrada para ver este espectáculo, la habría pagado con gusto.

Y a modo de frutilla para este postre delicioso, sorpresas nos da la vida. La que en un principio revestía el carácter de víctima, a pesar de tener el tonelaje y el factor sorpresa manifiestamente en contra, prevalece ahora a base de echarle huevos al asunto, si se me permite la expresión. Madura amigos, madura el knock out, diría el genial Osvaldo Príncipi. Su rival se tambalea con la respiración entrecortada y arrojando manotazos sin destino preciso a la espera del golpe que defina la contienda.

De pronto interviene un señor y domina, no con poco esfuerzo, a nuestra aspirante al título barrial de los pesos completos. El muy canalla. Todo el mundo sabe que un boxeador parado es un boxeador que quiere seguir boxeando, y que un testigo imparcial es aquel que se abstiene de modificar el estado de cosas durante su desarrollo.

Quebrada la magia decido intervenir haciéndome cargo de la derrotada. El Rúben tendrá que esperar unos días para desatar la lujuria, o bien desquitarse con nuestra campeona, que bien se lo ha ganado en el cuadrilátero.

Reconozco al hombre. Es un ex futbolista que jugó en varios clubes nacionales allá por la década del ochenta. Hizo varios goles. Erró un penal en una semifinal de copa. No mucho más. Nuestra acción conjunta restablece la paz en cuestión de minutos, y las mujeres parten en direcciones opuestas profiriendo amenazas no muy atendibles.

El delantero me pregunta por qué peleaban.

“Por la posesión del Rúben”, respondo yo mientras decido si insultarlo o pedirle un autógrafo.

Finalmente lo dejo ir sin hacer lo uno ni lo otro. Su firma no vale gran cosa, y ya lo han insultado demasiado a lo largo de su vida.

Además el precio de la entrada me ha sido devuelto con creces. Boxeo, fútbol y un artículo gratis. Sería imprudente de mi parte pedir algo más.



Tengan ustedes muy buenas noches.